Regresar a Historia de la Cristalografía en México

“Un Acercamiento al Pensamiento de Nicolás Aguilera Herrera”

 

Por   Adolfo E. Cordero Borboa

Instituto de Física, UNAM

 

 

Figura 1. Profesor Nicolás Aguilera Herrera, a los 33 años de edad, en el Laboratorio de Mineralogía de Suelos del Colegio de Posgraduados de Chapingo. (Foto: Ciencia y Desarrollo, Vol. XX, 115, p24)

Dirigir una semblanza a esta distinguida audiencia, formada tanto por personas que conocieron muy bien al Maestro Emérito Nicolás Aguilera Herrera (1920 - 1996) y a su obra, como también por personas que no tuvieron la oportunidad de conocerle, es una tarea demasiado ambiciosa. Toda semblanza conlleva un bosquejo biográfico, significa el presentar los rasgos preponderantes de una vida humana con el fin de que los oyentes, o los lectores, se formen un concepto o una imagen más o menos clara de lo que en vida fué o realizó un personaje; esta tarea es ambiciosa y yo, que tuve el grande honor de conocer al profesor Nicolás Aguilera tan sólo en los últimos años de su prolífica vida, no intentaré hacer; pero sí, con su venia les dirigiré unas palabras para intentar compartir, con ustedes, dos virtudes que, en lo personal, llamaron mi atención, de Nicolás Aguilera Herrera: él como filántropo y él como mexicano.

 

Figura 2.  El Profesor Nicolás Aguilera Herrera en la sesión en la que se eligió el Comité Constitutivo de la SMCr, formado por él, el Dr. Octavio Cano Corona y el autor. Además de éstos, de derecha a izquierda se encuentran el Dr. Angel Dacal Alonso y el Dr. Octavio Novaro Peñalosa

Iniciando el año de 1991 me acerqué a él, animado por el Dr. Octavio Cano Corona, con el fin de escuchar sus consejos para lograr constituir una asociación científica: la actual Sociedad Mexicana de Cristalografía.  Huelga decir que no sólo recibí los consejos tan necesitados, sino que recibí mucho más, toda una cascada de sugerencias, tanto académicas como políticas, y lo más querido, su total participación en las acciones que se llevarían a acabo  para aglutinar a la comunidad científica mexicana, interesada en la ciencia que se ocupa de los cristales.  Fué el 21 de marzo de 1991 cuando en sesión pública  (figura 2),   en el Instituto de Física de la Universidad Nacional Autónoma de México, cuarenta y siete representantes de esta comunidad científica, nombraron un Comité Constitutivo, cuya meta sería constituir la Sociedad Mexicana de Cristalografía.  Sabiamente, los asistentes eligieron como uno de los tres integrantes de este comité al profesor Nicolás Aguilera Herrera, y desde entonces, y durante los cuatro años y medio siguientes, él participó activamente en los trabajos que culminaron con el establecimiento de la Sociedad Mexicana de Cristalografía en el mes de noviembre de 1995  (figura 3).  Fue en ese período, en el que colaboré cercanamente con él, que tuve la oportunidad de conocer un poco, de lo mucho, que ofrecía la personalidad de Nicolás Aguilera Herrera.

 

Figura 3.  Presidium durante la constitución pública de la SMCr. De derecha a izquierda: Nicolás Aguilera Herrera, Miguel José Yacamán, Octavio Cano Corona, José Luis Boldú Olaizola, Graciela Pacheco Malagón, Angel Dacal Alonso, Adolfo E. Cordero Borboa, Humberto Terrones Maldonado, José Reyes Gasga, David Ríos Jara, Héctor Riveros Rotgé y Ventura Rodríguez Lugo.

Nicolás, como le llaman sus alumnos, fué ante todo un filántropo; su amor por el género humano lo llevaba a la abundancia en el dar cuando daba lo que tenía, y lo que tenía era una fuente.  A mi parecer, nunca midió, tal vez porque el medir le significaba limitar, lo que prodigaba.  Tangible muestra de esta filantropía son los trabajos de  tesis de licenciatura, maestría y doctorado, que en número de doscientos veinticuatro, dirigió, entregando, sin reservas, sus conocimientos y experiencias a los jóvenes estudiantes.  Nicolás Aguilera Herrera está en cada uno de estos tesistas y está activo en cada uno de los alumnos que lo escucharon, en los 572 cursos que impartió. De esa manera trascienden de generación en generación los grandes hombres (figura 4). 

 

Nicolás, también, fue un nacionalista, su amor por México lo practicó al dedicar sus investigaciones al suelo Mexicano, y este nacionalismo lo colocó en el sitio álgido en el que se ofrecen los defensores de la Patria.  En ciertas ocasiones, visitándolo sentado en la estancia de su casa, planeábamos un curso titulado “Cristalografía de Suelos”, el cual se llevó a cabo en el año de 1997 (figura 5), ya sin su presencia, y me parecían tan doctas sus opiniones que opté por registrar, escribiendo en su presencia, y sin dejar de mirarlo, todo lo que él me decía.  Apuntes libres de caligrafía errante.  A continuación citaré uno de estos apuntes, en el que se aprecia no sólo su conocimiento sobre las ciencias de la Tierra, ya no su experiencia como científico, sino su preocupación por el aprovechamiento y la protección

Figura 4. La imagen fotográfica del Profesor Nicolás Aguilera Herrera (arriba al centro) en la galería de científicos relevantes de la Biblioteca del Centro de Ciencias Medioambientales del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, en Madrid, España. (Foto: Laura Reyes Ortigoza)

del Territorio Nacional.  Cito:  “ La vida surge en la Tierra cuando ésta cumplía los 1800 millones de años.  Después, el acontecimiento más importante se dá cuando surgen las plantas, ya que sólo entonces se pudo originar lo que actualmente conocemos como suelo de cuyos componentes cristalinos se ocupa la Cristalografía Edáfica.  En particular, unos de estos componentes cristalinos son  las arcillas, como derivados del intemperismo al que son sensibles las rocas ígneas, las metamórficas y las sedimentarias.  Hay que saber que la roca fosfórica, constituyente de las costas de Baja California, es una evaporita, que surge de la exposición a la intemperie de los fosfatos del material ígneo que forma la península, y también hay que saber que esta roca fosfórica, en Guerrero Negro, se la estén llevando los japoneses junto con la sal, la halita, que recogen en las salinas ”. Termino de citar. 

 

 

Figura 5. Cartel del curso Cristalografía de Suelos, organizado por la SMCr y el Laboratorio de Edafología de la Facultad de Ciencias de la UNAM. En su concepción participó el Profesor Nicolás Aguilera Herrera, y se impartió en marzo de 1997.

Esta preocupación por el manejo y el destino del suelo mexicano se hace patente una y otra vez a lo largo de su vida.  Creo yo que, en el fondo, es esta preocupación y esta guía la que lo lleva a estudiar con atención los suelos mexicanos; desde sus generalidades, como la distribución geográfica de las cenizas volcánicas en territorio nacional (figura 6) o la caracterización sistemática de los suelos tropicales de México, hasta sus particularidades, como la mineralogía del suelo en las faldas del volcán Xinantécatl, en el Estado de México, o la génesis de los suelos yesíferos de Matehuala, en San Luis Potosí.  Es su amor a México el que lo lleva a explorar el país, desde su centro, estudiando, por ejemplos, las arcillas de Xochimilco y las del Valle de México, hasta otras regiones, en los cuatro puntos cardinales. Al noroeste, analizando tanto los perfiles del suelo de Tepatitlán, en Jalisco, como los aspectos edáficos del Valle del Yaqui, en Sonora.  Al noreste, merecieron su atención los suelos de Coahuila y Nuevo León, así como los ya mencionados yesíferos de Matehuala.  Al occidente, su interés se centró, como ejemplo, en el análisis de  los territorios coníferos de Michoacán. Al oriente, estudió la mineralogía de los andosoles en los suelos cafetaleros de Veracruz.  En el sureste, trabajó con las arcillas de los suelos y de los sedimentos calcáreos de Yucatán y de Campeche, así como con la génesis y la morfología, hasta su clasificación sistemática, de los suelos de la Península de Yucatán.  Y al sur, la fertilidad, de los suelos de Tuxtepec, en Oaxaca.

Figura 6. Distribución geográfica de los suelos provenientes de cenizas volcánicas en México. Tomado de: Aguilera, H.N., Panel on Volcanic Ash Soils of Latin-America, IICA-OEA-UNESCO, A.6.1-12 (1969).

¿Qué otra manifestación, si no ésta, tan diversa y amplia, la de avocarse a desentrañar, con afán, los secretos de las composiciones y las propiedades de los suelos, pudiera hacer evidente un querer más profundo hacia del Territorio Nacional?  ¿Qué, significativo más, pudiera hacer alguien por su tierra y su nación?  Nicolás Aguilera Herrera dejó en sus miles de alumnos, a miles de estudiosos del suelo mexicano, quienes nos llevan, a nosotros los mexicanos, no sólo a un mejor aprovechamiento de nuestra tierra, sino también a intensificar el deseo, y las capacidades, de proteger el territorio Mexicano.

Profesor Nicolás Aguilera Herrera, por habernos proveído de usted y de su pensamiento claro, yo y todos los que usted formó, y los alumnos de sus alumnos, le decimos gracias.